Una vez que la novela está en vuestras manos y muchos de vosotros la estáis leyendo, o ya la habéis leído, vamos a ir profundizando en algunos de los temas que se abordan en ella, comenzando por el tema principal: el autoconocimiento.
“El Retorno” es fundamentalmente un viaje hacia el interior de Rodrigo, un reencuentro consigo mismo, con quién es él en realidad. En su caso, dicho conocimiento comienza recordando su pasado y aumenta significativamente después de su accidente, pero no es necesario pasar por este tipo de experiencias traumáticas para empezar a conocernos.
Desde el Oráculo de Delfos hasta nuestros días, el ser humano, sobre todo ante momentos de extrema dificultad, se ha hecho siempre la misma pregunta: ¿Quién soy yo?
Tratar de responder a esta pregunta en algún momento es algo esencial en nuestras vidas, ya que hay algo evidente de lo que solemos olvidarnos:
«No podemos gestionar aquello que no conocemos»
Hay multitud de formas de abordar este autoconocimiento (intelectual, filosófico, psicológico, espiritual…), aunque en esencia, todas apuntan a lo mismo. Hoy vamos a explorar tres de estas fascinantes aproximaciones
1. Aproximación desde la Neurociencia: ¿Siento o pienso?
Para empezar este viaje, ¿Qué nos dice la ciencia sobre cómo «fabricamos» nuestra realidad?
Si comenzamos por lo más intuitivo, nos damos cuenta de que tenemos un cuerpo, una mente y “algo más” que nos permite darnos cuenta de ello (la Consciencia, el Ser, la esencia…).
La neurociencia nos explica de forma fascinante cómo procesamos el mundo. De forma simplificada, el proceso es así:
- Nuestros sentidos captan percepciones.
- Esa información viaja primero a nuestro «cerebro emocional» (el sistema límbico). Aquí se genera una reacción fisiológica, automática e inconsciente: la emoción. Es un fogonazo.
- Solo después, esa información sube a nuestro «cerebro pensante» (la corteza cerebral). Es aquí donde interpretamos esa emoción y la convertimos en un sentimiento (la captación mental de lo que ha ocurrido).
Aquí está la primera gran clave del autoconocimiento, y es vital diferenciar:
La EMOCIÓN es una reacción fisiológica, muy intensa, inconsciente y de corta duración.
El SENTIMIENTO es la interpretación mental de esa emoción. Es menos intenso, más consciente y dura más en el tiempo.
No vemos la realidad tal y como es; la interpretamos según nuestros pensamientos y emociones. Como se suele decir: «Experimentamos emociones, pero vivimos en estados de ánimo». Todo está interconectado.
2. Aproximación desde la Filosofía: El Carruaje
Pero esta idea de distintas «partes» que tiran de nosotros no es nueva. Si la neurociencia nos da el mapa biológico, la filosofía clásica nos ofreció la metáfora perfecta hace milenios.
Platón, en su diálogo Fedro, describió el alma humana usando la Alegoría del Carro Alado.

La metáfora es la siguiente:
- El Carruaje: Es nuestro cuerpo (el vehículo).
- El Caballo Negro: Representa nuestras emociones más instintivas y apetitos (el «Niño» del que hablaremos luego).
- El Caballo Blanco: Representa las emociones nobles, como el coraje o la voluntad (el «Padre»).
- El Auriga (Cochero): Es nuestra mente, la razón (el «Adulto»).
- El Pasajero: Es el Alma, el Ser, nuestra esencia. Es el único que conoce el destino final del viaje.
El autoconocimiento, según esta visión, es el arte del Cochero (la mente) de aprender a guiar a los dos caballos (nuestras pulsiones), en lugar de dejarse arrastrar por ellos, para llevar al Pasajero (nuestro Ser) a su destino
3. Aproximación desde la Psicología: Padre, Adulto y Niño
Y si Platón nos dio la alegoría, la psicología moderna nos dio el manual de usuario para entender ese diálogo interno.
El Análisis Transaccional (AT), desarrollado por Eric Berne, nos dice que actuamos constantemente desde tres «Estados del Yo».”

- El Padre: Es nuestra parte normativa. Aquí están los valores, las tradiciones, los hábitos aprendidos, el «deber ser» y las normas. Es la voz que nos cuida, pero también que nos juzga.
- El Adulto: Es la parte consciente y analítica. Es el «aquí y ahora». Observa la realidad, analiza, planifica y negocia (tanto con el exterior como con nuestro Padre y Niño internos).
- El Niño: Es nuestra parte instintiva y emocional. Es el placer, la creatividad, la alegría, pero también el miedo y las vivencias de la infancia.
Estos tres «personajes» están en un diálogo interior constante, la mayor parte del tiempo de forma inconsciente, determinando nuestra conducta.
El viaje acaba de empezar
Como ves, ya sea desde la biología (cerebro emocional vs. racional), la filosofía (los dos caballos y el cochero) o la psicología (el Niño, el Padre y el Adulto), todas las sendas apuntan a lo mismo: somos un complejo diálogo interno.
Y tú, ¿qué «voz» escuchas más en tu día a día? ¿Tu ‘Niño’ impulsivo, tu ‘Padre’ crítico o nutritivo o tu ‘Adulto’ consciente? ¡Cuéntamelo en los comentarios!
En la próxima entrada (Parte II), profundizaremos en esa figura misteriosa y clave: el «Pasajero» del carruaje, ese «algo más» que observa todo.
¡Gracias por leer!”
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